Brandy queda y los afectos también

Hace algún tiempo que espero el hoy. Y en el asfalto bailo sin perdón. Me late un ritmo y una canción. Que hacia la calle me empuja el corazón. Voy a buscarte, donde acordamos y sin pensar. La misma hora, el mismo sitio, una vez más.

Los guiños cómplices y mudos durante la función y debates post teatro con Miss Boa, Lalo Lambda editando mis aquelarres con la misma profesionalidad que manejaba el aire en la radio, CJ, Dahian y yo punkeándola por ahí, o comiendo un pancho con Carry en la esquina del Teatro de Flores, o compartiendo una birra con el gran Santi Sombra en algún punto de esta ciudad que se nos supo ofrecer como espacio de sonidos infinitos. Y claro, con el “jefe” Ale Panfil las mil y un amistosas peleas sobre qué es bueno y qué no (- «¿Y desde cuando te gusta Loquero»? – «Desde que lo escuché»). ¿Y la Purka? ¡¿Uh, te acordás?! Sí, bueno, yo qué sé. La vida.

Atravesamos entre la gente. Nuestro camino, que ya conocés. Por callecitas de mi San Telmo. Cruzar la plaza, la música está ahí. Sonando fuerte, ya estamos listos y a delirar. Que nos esperan, ya estamos prontos para arrancar.
Días como estos. Que ya no quieren parar. En días como estos, el tiempo nos va a ayudar. Es lo que me hace soñar.

A Brandy le debo los ditirambos con Rob Zombie, las charlas con el Vala y el Chino, los 12.000 inesperados likes a una nota ¡porque la había compartido Evaristo. E-VA-RIS-TO Páramos, señoras y señores (¿a quién le importan los likes cuando te lee Evaristo?), la cerveza con Micky y Joxemi. A Brandy le pido disculpas por el plantón de Mane (sí, que se sepa), y por haberme ausentado estos últimos años. No es fácil hacer malabares, y mucho menos teniendo como clavas las responsabilidades, las neuras y el cuerpo que cada día se cansa con mayor facilidad. A Brandy le agradezco los libros y las ferias en el Salón Pueyrredón (muchachos, saquen esa bandera terraplanista), los discos (“Todo Roto”, de Wau y los Arrrghs!!!: EL DISCO), las entrevistas, hasta las imposibles, como con los muchachos de 2 Minutos (“La charla siguió un buen rato más, pero ya no se pudo tener ningún hilo que se pueda reproducir acá”, termina la nota…). Pero lo que más le agradezco a Brandy son las risas. Ese tiempo de calidad que es imposible borrar de mi historia. Aunque ya no me dedique más a esto, aunque me haya transformado en lo que nunca quise ser, pero era más que obvio que iba a suceder (una vieja rezongona y workaholic), Brandy queda y los afectos también.  

Yocapocap

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